Misioneros Combonianos - Ecuador

Obispado - Esmeraldas

ESMERALDAS  - Obispado Vicariato Apostólico de Esmeraldas - Curia Episcopal Apdo. 08-01-0065 
tel. +593-6/272.7007,   271.3807,   272.4353 (curia)
fax 272.7006 
e-mail: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. 
This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. 
Mons. Arellano Fernández Eugenio
Hno. Vicente Panice
 

ECUADOR - ESMERALDAS
40 AÑOS DE PASTORAL AFRO Y SU IMPACTO 


No podemos hablar de Pastoral Afro, ni en el Ecuador ni en el Continente, sin mencionar aquellas personas que la intuyeron, la diseñaron y la impulsaron a todo nivel
, como Mons.  Enrique Bartolucci y P.  Rafael Savoia, entre otros. Nuestro agradecimiento, recuerdo y homenaje a todos aquellos y aquellas que supieron abrir este camino en nuestra Iglesia.  
Por P. Martín José Balda, mccj

Tenemos que reconocer, si queremos ser fieles a la historia, que la Pastoral Afro tiene como una prehistoria. Es importante reconocer como se ha ido dando un proceso ascendente de fortalecimiento de las organizaciones negras en los diferentes países del continente. Es significativo que grupos formados en Ecuador al comienzo de los años 80, asumieran nombres como Movimiento Afro-Ecuatoriano de Conciencia, Grupos de Conciencia Negra, ETC.. 
Podemos afirmar que a los descendientes de los esclavos negros llegados de África se les dio una evangelización que hoy apelaríamos como superficial y discontinua; y a pesar de todo, ellos supieron asumir y profundizar el Evangelio en las Comunidades Cristianas negras, llegando a tener auténticos Santos, como San Martín de Porres.
A pesar de tantos avatares, el pueblo negro ha sabido sobrevivir y lo ha hecho no de cualquier manera sino con un estilo propio de vivir, sentir, conocer, vestir, trabajar, cantar y bailar. Y en lo religioso, supo crear y conservar sus manifestaciones religiosas cristianas expresadas en sus moldes culturales africanos: los velorios, los chigualos, los alabados, sus síndicos, rezanderos y posteriormente sus Catequistas y Guías de la Comunidad.

Hitos importantes de la Pastoral Afro en estos 40 años:
- 1975: se crea en el Vicariato Apostólico de Esmeraldas el Secretariado de Catequesis, que Mons.  Bartolucci encarga a P.  Rafael Savoia.
- 1979: reuniones y encuentros de rezanderos y guías de comunidad; base para la Pastoral Afro del Ecuador.
- 1980: Primer Encuentro de Pastoral Afro (EPA) Continental en Buenaventura – Colombia.
- 1981: en el mes de mayo, se crea el Departamento de Pastoral Afro de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE).
- 1981: se crea el Centro Cultural Afro-Americano en Guayaquil.
-1981: I EPA Nacional (MAEC – Movimiento Afroecuatoriano – Conciencia).
- 1985: se crea Centro Cultural Afroecuatoriano de Quito.
- Desde 1981 hasta el 2018 se celebraron 14 EPAs Continentales.
- Desde 1981 hasta el 2019 se celebraron 30 EPAs Nacionales en Ecuador.
- 1992: Semillas Negras, como deseo de formar una Asociación de Fieles en la Iglesia, dedicadas/os a la Evangelización del Pueblo Negro desde una Espiritualidad y vivencia con rostro propio. Se quedó en los inicios.
- Sacerdotes negros y religiosas negras se han ido sumando al proceso de Pastoral Afro.
- 2002: en Quito, mes de septiembre, Primer Encuentro Continental de Obispos Comprometidos con la Pastoral Afro.
- 2002: Hermandad de Misioneros/as Afro, como una dedicación al Pueblo Negro de las comunidades cristianas donde viven y con periodos de estadía en la Zona Norte de Esmeraldas y en otros Cantones rurales.
- 2003: el CELAM aprueba las Líneas Pastorales Afro-Continentales.  En su raíz estaban las líneas pastorales Afroecuatorianas que 2 años antes, en el 2000, habían sido aprobadas por la CEE.
- Tenemos un proceso de 40 años que nos garantiza una experiencia de acompañamiento y lucha con el pueblo afroecuatoriano. Nos hemos fortalecido con instancias como el Camino Bíblico Afro, la Liturgia y Espiritualidad Afro, la Pastoral Juvenil Afro, la Pastoral Infantil Afro, La Pastoral Familiar Afro y, de manera particular, el Equipo de Apoyo de Pastoral Afro. Además de la formación y capacitación Afro (Instituto de Formación Afro) y el compromiso por dar mayor fuerza a los medios de comunicación social.

Aportes de la Pastoral Afro a la Iglesia y a la sociedad
El proceso que la Pastoral Afro ha recorrido en estos 40 años nos deja a toda la Iglesia ecuatoriana unas enseñanzas:
Hemos hecho la experiencia que no podemos diseñar una Pastoral Afro desde afuera de los grupos negros, es decir al margen de las comunidades cristianas, sino con ellos y desde ellos. Planteándolo todo desde la opción por los pobres, acogiendo sus angustias y aspiraciones y todo con miras a la construcción del Reino.
Los muchos valores evangélicos que a lo largo de estos años han empapado la cultura negra nos aparecen como valores a compartir:

- La Biblia como parte de nuestras raíces,
- La libertad ya que nadie puede interpretar mejor que “Cristo nos ha hecho libres”, como este pueblo que a lo largo de la historia se le negó la libertad.
- La reconciliación, que es parte del legado de la herencia africana profundizada por la fe en la Palabra.
- La dimensión contemplativa y la capacidad de alabar a Dios con todo el ser y a través de toda criatura y del cuidado de la naturaleza, la casa común.
- El don de la alegría, principalmente en las celebraciones y en los encuentros.
- El sentido positivo de la vida y la mirada optimista a la realidad aún en los momentos más difíciles.
- El marcado sentido comunitario de la vida y de la realidad que llega a empapar todas las dimensiones y todas las actividades de las personas y de los pueblos negros.
- La armonía como experiencia vivida en lo cotidiano con la naturaleza y la entera creación.
- La resistencia como capacidad y expresión de profecía evangélica. 
- Y el aumento de vocaciones sacerdotales y religiosas negras con dedicación de por vida a sus hermanos, hermanas y comunidades; además del servicio más allá de nuestras fronteras (vocaciones misioneras).

Un grupo o comunidad cristiana que vive y celebra la fe desde su cultura tiene una gran fuerza evangelizadora. La identidad se refuerza, la comunidad se re-evangeliza a sí misma y se abre a la misión evangelizadora de sus hermanos negros.

Enriquecimiento general
Este proceso enriquece también a toda la sociedad ecuatoriana, con aportaciones significativas:
- La solidaridad y pequeños modelos de desarrollo alternativo que siempre acompañaron al pueblo negro y que hoy lo sostienen frente a todas las amenazas de la globalización y de la modernización.
- La situación vivida por aquellas poblaciones donde hay mayoría afro-ecuatoriana y que es situación de exclusión, marginación y pobreza, denuncia la no validez de nuestro sistema y modelo económico.
- Y no sólo hace esta denuncia, sino que propone otro modelo de desarrollo, basado en el desarrollo de la comunidad (hombres, mujeres y niños) y no en el desarrollo del territorio… pues este tiene fuerza para traer capitales foráneos y locales, promocionando y desarrollando de tal manera los espacios que “obligan” a “emigrar” a los habitantes propios que se marchan a engrosar el número de hacinados en los suburbios de las grandes ciudades
- Modelos de liderazgo más parecidos a una “democracia” consultiva; la necesidad que los líderes no se descuelguen y sean siempre reflejo de la situación y de las aspiraciones de su pueblo.
- La mujer negra como transmisora de los valores culturales y de la fe. El amor a la vida, y a todos aquellos que mantienen la vida o la expresan, es la característica dominante en ella. Su liderazgo en la gran familia y en la comunidad nos ofrece un punto de referencia de género.
El pueblo negro recuerda al pueblo ecuatoriano aquellos valores que necesitamos para no deshumanizarnos: sobriedad, solidaridad, respeto y cuidado de la naturaleza, fraternidad, ganas y alegría de vivir, certeza de que construiremos un futuro mejor y principalmente mucha confianza en Dios. Estas son las características propias del patrimonio cultural tradicional del pueblo negro del Ecuador.

Nuevos desafíos
La Pastoral Afro deberá revitalizar los procesos de formación y acompañamiento a sus Comunidades Eclesiales de Base, superando cierto estancamiento y cansancio.
Habrá que reforzar la unidad de aquellos factores que forman la identidad de este pueblo: la mirada al pasado, la realidad del presente y el proyecto del futuro, enfatizando este último.
Insistir en un proceso pastoral que refuerce la familia afro-ecuatoriana como espacio y escuela de ciudadanía y de valores evangélicos.
Fomentar una mayor sensibilidad política, en una toma de conciencia de su importancia en una nueva estructuración de nuestro país. Promover en grupos y comunidades una formación política con sentido crítico.
Acompañar a todos aquellos afro-ecuatorianos que migraron del campo a la ciudad, para que puedan mantener su identidad cultural y religiosa.
Nos alegra el aporte que la sociedad ecuatoriana reconoce recibir del pueblo negro: música, folklore, alegría, aportación en el deporte, etc.; pero no lo consideramos suficiente y habría que profundizar estos aportes y evitar ser folklorizados.
La vivencia religiosa, las comunidades cristianas negras, los procesos de Pastoral Afro... deberán tender, con mayor fuerza y claridad, a una liberación que comporte una mejoría concreta de la calidad de vida y de las oportunidades del pueblo afro.
Seguir promocionando las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras al servicio del pueblo esmeraldeño y de los pueblos más necesitados, a nivel mundial.
Descubrir, formar, sostener y acompañar líderes y lideresas del pueblo negro con capacidad política.


ENTREVISTA CON MONS EUGENIO ARELLANO, OBISPO DE ESMERALDAS
Una Iglesia cercana a la gente
Mons . Eugenio Arellano, obispo comboniano del vicariato apostólico de Esmeraldas, cumplirá el próximo mes de agosto 20 años de servicio episcopal en medio del pueblo esmeraldeño. En la siguiente entrevista hace un balance de sus años al frente del vicariato y explica el estilo de Iglesia cercana a los pobres que han buscado vivir allí.
Por P. Francisco Carrera

En el contexto de la celebración los 60 años de presencia misionera comboniana en Esmeraldas, ¿cómo ve usted, como obispo del vicariato, la labor que los Misioneros Combonianos han realizado aquí en todo ese tiempo?
El trabajo que los Misioneros Combonianos han hecho en esmeraldas es innegable. Ellos han sido providencia de Dios para esta Iglesia y para este pueblo. Desde que llegaron, hicieron causa común con el pueblo de Esmeraldas, supieron mirar y ver al pueblo esmeraldeño, y captaron los desafíos. Fueron capaces de eso porque vinieron a quedarse, deshicieron las maletas. No tenían otros intereses. Por eso vieron los desafíos e intentaron responder a ellos.
La Iglesia de Esmeraldas ama mucho la herencia comboniana; aquí no hay un resentimiento, al revés, hay un agradecimiento. Pusieron las bases y levantaron una Iglesia viva y pujante.
En estos momentos, la presencia comboniana es mínima. De las 27 parroquias que ahora tiene el vicariato, los Combonianos estamos en tres parroquias. Yo estoy agradecido porque veo a mis hermanos Combonianos muy cercanos a la Iglesia local, por la influencia de un Padre Provincial que respeta y ama a la Iglesia local y transmite a los demás misioneros ese sentimiento.
El próximo mes de agosto se cumplen 20 años de su consagración como obispo de Esmeraldas.
Sí, yo mismo escogí el día de San Bernardo, 20 de agosto, para mi consagración episcopal en la catedral de Esmeraldas.
¿Qué balance hace de estos veinte años como obispo de Esmeraldas?
Yo, en estos momentos, mirando hacia atrás, tengo sentimientos de acción de gracias. Y no lo digo porque son palabras que un obispo tiene que decir en estas circunstancias, sino que realmente lo siento así. Es una acción de gracias, principalmente, por el pueblo de Esmeraldas. Es verdad lo que dice el papa Francisco, cuando lo leí pensé ‘esto le he sentido yo muchas veces’: “La mayor ayuda para un pastor es estar con su pueblo”, realmente eso es fortaleza e inspiración para nosotros.
Mirando ahora hacia atrás, no pienso que acarree frustraciones de pastor; no. Quizás pudo tener en mí, en lo más profundo de mí mismo, el sentimiento de que algunas cosas no han salido como yo hubiera deseado. Por ejemplo, me hubiera gustado que en todas las parroquias hubiera muchas comunidades de base, y las he animado, sostenido y orientado en esa dirección, pero no se han dado. Han nacido algunos grupitos que han tenido una vida muy efímera.  Sin embargo, Dios no nos dio esas comunidades, pero nos ha dado movimientos apostólicos laicales muy florecientes, que han sido un poquito como el vientre de la Iglesia, donde muchos han renacido a la fe y se han formado en ella. Y, para nuestra Iglesia en Esmeraldas, es ahí, en estos movimientos apostólicos laicales, donde  los laicos no solamente han regresado a la Iglesia, sino que tienen un camino de formación y de sostenimiento. Cada uno con su espiritualidad diferente. Nosotros pretendíamos una cosa, y Dios nos dio algo diferente.
Hay otro punto que me gusta mucho: el estar cerca de la gente. Eso lo hemos buscado siempre, hemos querido ser una Iglesia cercana a la gente. Este estar con la gente, hacerlo concreto en la vida cotidiana, no es fácil. Si dejamos romanticismos a parte, puedo decir que en ocasiones esto es muy duro. La gente te come, te exige. Yo, como comboniano, me inspiré siempre en hacer causa común. Ha habido momentos en que he pagado muy caro este hacer causa común y hacer mías las aspiraciones de este pueblo y caminar con ellos.
¿Cuáles son las aspiraciones del pueblo esmeraldeño?
Las aspiraciones de los pobres son siempre las mismas: una vida de mayor calidad, de mayor libertad y de mayor comunión. Y hemos pasado momentos en que esa libertad y esa comunión se han quebrado, y el obispo ha tenido que salir a la calle con su pueblo. Esto me acarreó algunas dificultades, pero nada muy grave y nada que no se haya solucionado.
Pienso que la Iglesia de Esmeraldas está llamada a caminar más cerca de los pobres. A nivel de ideas, todos, obispo, sacerdotes, religiosas, líderes laicos, etc. ya lo tenemos claro. Hablamos de ello en nuestras semanas de pastoral, en nuestras reuniones… Queremos estar con la gente. Pero pienso que tenemos que dar el salto de las ideas a que eso impregne nuestra programación pastoral. Necesitamos una programación pastoral que implique a la gente, que le exija, que suponga a la gente y que la hagamos con ella. Creo que eso es muy importante para nosotros.
Hay un punto que estamos atravesando y que yo lo he visto a lo largo de estos veinte años. Cuando yo comencé mi servicio de obispo, había en la sociedad ecuatoriana una fiebre y un deseo de organizaciones. La sociedad civil buscaba organizarse. Ellos habían experimentado que la organización era la riqueza de los pobres y que lo que no conseguía una persona, si se organizaban lo conseguían juntos. Esto era maravilloso; para mí, eso era fiebre del Reino, una tierra abonada donde se pueden poner semillas del Evangelio para que fecunde. Después, el correr de los años hizo que los gobiernos de turno se apropiaran, si identificaran y dijeran que eran ellos las organizaciones y las asumieran, y el pueblo perdió su protagonismo.
Ahora nos encontramos en un punto de desilusión con la organización. No se ve valor en la organización. Nadie intenta crear una organización que no sea bajo el paraguas del gobierno o de alguno de sus ministerios. .. Pero, a pesar de esto, yo digo y repito ante quien sea que nuestro gobierno actual es una buena noticia para los pobres; digan lo que digan. No queremos perdernos en ideología y conceptos… perdámonos en el derecho a la educación de los hijos de los pobres, en el derecho a la salud, en el apoyo a los ancianos… Y este gobierno, a pesar de sus muchas ambigüedades, para mí, sigue siendo buena noticia para los pobres.
Al comienzo de su episcopado convocó un sínodo diocesano. ¿Quiso ser eso un signo del estilo que quería dar a su ministerio al frente del vicariato apostólico de Esmeraldas?
Voy a ser presumido y petulante. Puede decirse que nosotros nos adelantamos al papa Francisco al decir que teníamos que salir a la calle, que teníamos que dejar las ovejas gordas en la sacristía y acercarnos a las flacas y alejadas. Tanto es así que algunos de mis sacerdotes se reían de mí haciendo viñetas, dibujos y cartelones. Sí, es cierto que aquel primer sínodo diocesano marcó ya un estilo de caminar juntos y acercarnos al pueblo esmeraldeño, estilo que hemos tratado de conservar durante todos estos años.
Pero he de decir una cosa. Yo creo que la suerte de la Iglesia de Esmeraldas es que hemos respetado la continuidad entre los diferentes obispos. No ha habido un trauma. Quizás con enfoques diferentes. Hemos tenido un gran organizador misionero, un  gran programador que puso las bases para el trabajo misionero (el obispo Ángel Barbisotti). Hemos tenido un místico de la misión, evangelizador de la cultura (el obispo Enrique Bartolucci). Y hemos tenido un párroco de pueblo, que soy yo… Pero ha habido continuidad. Los tres hemos insistido y hemos caminado sobre los mismos senderos eclesiales. Y esto se nota porque han echado raíces ciertas ideas e iniciativas.