Misioneros Combonianos - Ecuador

Obispado - Esmeraldas

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Mons. Arellano Fernández Eugenio
Hno. Vicente Panice
 
 

ENTREVISTA CON MONS EUGENIO ARELLANO, OBISPO DE ESMERALDAS
Una Iglesia cercana a la gente
Mons . Eugenio Arellano, obispo comboniano del vicariato apostólico de Esmeraldas, cumplirá el próximo mes de agosto 20 años de servicio episcopal en medio del pueblo esmeraldeño. En la siguiente entrevista hace un balance de sus años al frente del vicariato y explica el estilo de Iglesia cercana a los pobres que han buscado vivir allí.
Por P. Francisco Carrera

En el contexto de la celebración los 60 años de presencia misionera comboniana en Esmeraldas, ¿cómo ve usted, como obispo del vicariato, la labor que los Misioneros Combonianos han realizado aquí en todo ese tiempo?
El trabajo que los Misioneros Combonianos han hecho en esmeraldas es innegable. Ellos han sido providencia de Dios para esta Iglesia y para este pueblo. Desde que llegaron, hicieron causa común con el pueblo de Esmeraldas, supieron mirar y ver al pueblo esmeraldeño, y captaron los desafíos. Fueron capaces de eso porque vinieron a quedarse, deshicieron las maletas. No tenían otros intereses. Por eso vieron los desafíos e intentaron responder a ellos.
La Iglesia de Esmeraldas ama mucho la herencia comboniana; aquí no hay un resentimiento, al revés, hay un agradecimiento. Pusieron las bases y levantaron una Iglesia viva y pujante.
En estos momentos, la presencia comboniana es mínima. De las 27 parroquias que ahora tiene el vicariato, los Combonianos estamos en tres parroquias. Yo estoy agradecido porque veo a mis hermanos Combonianos muy cercanos a la Iglesia local, por la influencia de un Padre Provincial que respeta y ama a la Iglesia local y transmite a los demás misioneros ese sentimiento.
El próximo mes de agosto se cumplen 20 años de su consagración como obispo de Esmeraldas.
Sí, yo mismo escogí el día de San Bernardo, 20 de agosto, para mi consagración episcopal en la catedral de Esmeraldas.
¿Qué balance hace de estos veinte años como obispo de Esmeraldas?
Yo, en estos momentos, mirando hacia atrás, tengo sentimientos de acción de gracias. Y no lo digo porque son palabras que un obispo tiene que decir en estas circunstancias, sino que realmente lo siento así. Es una acción de gracias, principalmente, por el pueblo de Esmeraldas. Es verdad lo que dice el papa Francisco, cuando lo leí pensé ‘esto le he sentido yo muchas veces’: “La mayor ayuda para un pastor es estar con su pueblo”, realmente eso es fortaleza e inspiración para nosotros.
Mirando ahora hacia atrás, no pienso que acarree frustraciones de pastor; no. Quizás pudo tener en mí, en lo más profundo de mí mismo, el sentimiento de que algunas cosas no han salido como yo hubiera deseado. Por ejemplo, me hubiera gustado que en todas las parroquias hubiera muchas comunidades de base, y las he animado, sostenido y orientado en esa dirección, pero no se han dado. Han nacido algunos grupitos que han tenido una vida muy efímera.  Sin embargo, Dios no nos dio esas comunidades, pero nos ha dado movimientos apostólicos laicales muy florecientes, que han sido un poquito como el vientre de la Iglesia, donde muchos han renacido a la fe y se han formado en ella. Y, para nuestra Iglesia en Esmeraldas, es ahí, en estos movimientos apostólicos laicales, donde  los laicos no solamente han regresado a la Iglesia, sino que tienen un camino de formación y de sostenimiento. Cada uno con su espiritualidad diferente. Nosotros pretendíamos una cosa, y Dios nos dio algo diferente.
Hay otro punto que me gusta mucho: el estar cerca de la gente. Eso lo hemos buscado siempre, hemos querido ser una Iglesia cercana a la gente. Este estar con la gente, hacerlo concreto en la vida cotidiana, no es fácil. Si dejamos romanticismos a parte, puedo decir que en ocasiones esto es muy duro. La gente te come, te exige. Yo, como comboniano, me inspiré siempre en hacer causa común. Ha habido momentos en que he pagado muy caro este hacer causa común y hacer mías las aspiraciones de este pueblo y caminar con ellos.
¿Cuáles son las aspiraciones del pueblo esmeraldeño?
Las aspiraciones de los pobres son siempre las mismas: una vida de mayor calidad, de mayor libertad y de mayor comunión. Y hemos pasado momentos en que esa libertad y esa comunión se han quebrado, y el obispo ha tenido que salir a la calle con su pueblo. Esto me acarreó algunas dificultades, pero nada muy grave y nada que no se haya solucionado.
Pienso que la Iglesia de Esmeraldas está llamada a caminar más cerca de los pobres. A nivel de ideas, todos, obispo, sacerdotes, religiosas, líderes laicos, etc. ya lo tenemos claro. Hablamos de ello en nuestras semanas de pastoral, en nuestras reuniones… Queremos estar con la gente. Pero pienso que tenemos que dar el salto de las ideas a que eso impregne nuestra programación pastoral. Necesitamos una programación pastoral que implique a la gente, que le exija, que suponga a la gente y que la hagamos con ella. Creo que eso es muy importante para nosotros.
Hay un punto que estamos atravesando y que yo lo he visto a lo largo de estos veinte años. Cuando yo comencé mi servicio de obispo, había en la sociedad ecuatoriana una fiebre y un deseo de organizaciones. La sociedad civil buscaba organizarse. Ellos habían experimentado que la organización era la riqueza de los pobres y que lo que no conseguía una persona, si se organizaban lo conseguían juntos. Esto era maravilloso; para mí, eso era fiebre del Reino, una tierra abonada donde se pueden poner semillas del Evangelio para que fecunde. Después, el correr de los años hizo que los gobiernos de turno se apropiaran, si identificaran y dijeran que eran ellos las organizaciones y las asumieran, y el pueblo perdió su protagonismo.
Ahora nos encontramos en un punto de desilusión con la organización. No se ve valor en la organización. Nadie intenta crear una organización que no sea bajo el paraguas del gobierno o de alguno de sus ministerios. .. Pero, a pesar de esto, yo digo y repito ante quien sea que nuestro gobierno actual es una buena noticia para los pobres; digan lo que digan. No queremos perdernos en ideología y conceptos… perdámonos en el derecho a la educación de los hijos de los pobres, en el derecho a la salud, en el apoyo a los ancianos… Y este gobierno, a pesar de sus muchas ambigüedades, para mí, sigue siendo buena noticia para los pobres.
Al comienzo de su episcopado convocó un sínodo diocesano. ¿Quiso ser eso un signo del estilo que quería dar a su ministerio al frente del vicariato apostólico de Esmeraldas?
Voy a ser presumido y petulante. Puede decirse que nosotros nos adelantamos al papa Francisco al decir que teníamos que salir a la calle, que teníamos que dejar las ovejas gordas en la sacristía y acercarnos a las flacas y alejadas. Tanto es así que algunos de mis sacerdotes se reían de mí haciendo viñetas, dibujos y cartelones. Sí, es cierto que aquel primer sínodo diocesano marcó ya un estilo de caminar juntos y acercarnos al pueblo esmeraldeño, estilo que hemos tratado de conservar durante todos estos años.
Pero he de decir una cosa. Yo creo que la suerte de la Iglesia de Esmeraldas es que hemos respetado la continuidad entre los diferentes obispos. No ha habido un trauma. Quizás con enfoques diferentes. Hemos tenido un gran organizador misionero, un  gran programador que puso las bases para el trabajo misionero (el obispo Ángel Barbisotti). Hemos tenido un místico de la misión, evangelizador de la cultura (el obispo Enrique Bartolucci). Y hemos tenido un párroco de pueblo, que soy yo… Pero ha habido continuidad. Los tres hemos insistido y hemos caminado sobre los mismos senderos eclesiales. Y esto se nota porque han echado raíces ciertas ideas e iniciativas.